viernes, 21 de octubre de 2011

Primeros comentarios

Para empezar con este blog, comentaré como van las cosas hasta ahora.
Mi hija, Carmen Erea, nació el siete de octubre por cesárea programada porque venía de nalgas. Llegamos al hospital a las ocho de la mañana pero tuvimos que esperar hasta las cuatro y media de la tarde para que nos dieran cama, no había ninguna libre. Y de nuevo tuvimos que esperar hasta las siete y media para que quedara un quirófano libre. La cesárea fue muy bien, sin problemas ni para la mama ni para la niña. Yo lo pasé mal porque no pude entrar y la espera se me hizo eterna. Cuando por fin salieron las matronas con la niña en la incubadora yo me quede embobado mirándola. Era mi hija. No me lo podía creer. Allí delante de mí mirándolo todo con unos ojazos enormes. Los abuelos y el tío echándole fotos como locos y yo allí parado, como un tonto, mirandola y a punto de llorar de la emoción. Fue un momento indescriptible.
    El resto de la tarde fue más tranquilo, se llevaron a la madre a recuperación postquirurgica y a la niña a neonatología para lavarla pesarla y medirla. Luego nos la dejaron ver y por fin pude tener a mi hija en brazos. Y otra vez se me saltaban las lágrimas. Todos se quedaron asombrados de que la niña reconociese mi voz, yo no, para eso me tiré todo el embarazo hablándole a la barriga de su madre. Pero fue asombroso ver como giraba la cabecita y se quedaba como escuchando cuando yo le hablé.
Ya por la noche, a eso de las once y media subieron a mi mujer a la planta de maternidad y por fin le llevaron a su niña, de nuevo emociones a flor de piel. Por fin se reunían la madre y la hija. Me comentaba mi mujer, Carmen, que en reanimación le dijeron que hasta que no recuperase la sensibilidad en las piernas no la subían a planta y ella se pellizcaba los muslos para ver si se recuperaba antes; tenía prisa por ver a la pequeñaja. Se quedó toda la noche despierta mirando a la niña.
   El día siguiente fue bastante tranquilo, nosotros adaptándonos como podíamos a la nueva situación con la peque y ella adaptándose al mundo, le cuesta más a ella que a nosotros; se ha tirado casi nueve meses muy tranquila y protegida en el vientre de su madre y de repente la sacan de allí a un mundo donde tiene frío, sueño, hambre y se siente indefensa y sola. Nos necesita mucho, muchísimo. No quiere sentirse sola y llora, pero en cuanto la cogemos su madre o yo se tranquiliza y se calla. Por cierto, es una comilona, aunque de momento le cuesta bastante mamar y a mi mujer le duele bastante, pero según parece es normal que los primeros días tenga molestias mientras "sube la leche".
   Los problemas empiezan el día nueve. Pero problemas con la madre, no con la niña. Carmen empieza a tener algo de fiebre y molestias en la zona de los puntos. Las matronas y enfermeras le dicen que es normal que le moleste porque es una cirugía importante; pero la fiebre sube por la tarde hasta los 38.5ºC y eso ya no es tan normal. La ve una ginecóloga y le manda antibióticos porque podría ser un pequeño absceso de pus situado por encima de la cesárea, ya que esa zona está muy enrojecida y muy caliente. Como tiene fiebre esa noche le damos biberones a la niña; el primero muy bien, pero los otros dos me cuesta un montón darselos porque está dormidita y pasa de todo. Yo no se los daría, pero la matrona ha insistido en que hay que darle de comer cada tres horas; total que el de las tres y el de las seis de la mañana apenas los prueba. Carmen aprovecha para dormir porque llevaba desde el día seis sin pegar ojo.
   Al día siguiente la mamá tenía mejor aspecto, pero las molestias abdominales continuaban, así que seguimos con el antibiótico por prevención; nos dicen que aunque esté con el antibiótico, si no tiene fiebre, le puede dar el pecho. Y eso hace, pero le duele bastante; intenta usar unas pezoneras pero la niña no las quiere, así que toca sufrir. Por la tarde el dolor es tan fuerte cuando la niña intenta tomar el pecho que tenemos que darle biberón otra vez. Mi mujer continua con las molestias abdominales y con algo de febrícula, ahora no le sube mucho porque le están alternando paracetamol, nolotil e ibuprofeno.
   El día 11 nos dicen que nos van a dar el alta. Yo me tiro toda la mañana buscando papeles; aunque parezca surrealista, se les había olvidado darnos la partida de nacimiento de la niña. Y aunque suene aún más surrealista, se les había olvidado hacerla; así que tengo que ir a paritorio y pedir por favor que la rellenen y me la entreguen. Luego tengo que ir a pedir otro papel para el registro civil. Mientras tanto, el ginecólogo va a ver a mi mujer, le mira la barriga y dice que lo que tiene parece una reacción alérgica (¿?), así que le retira el antibiótico y le da el alta. Nos vamos después de comer. Nunca había conducido con tanta precaución como ese día; todos los coches iban rapidísimo, eso me parecía, y el trayecto del hospital de Puerto Real a nuestra casa en Chiclana (unos quince minutos máximo) se me hace eterno.
   Llegamos a casa y toca acostumbrarse a tener allí a la pequeñaja. En nada de tiempo tenemos el salón lleno de trastos por todos lados. Que si ropa, que si pañales, la minicuna, el carrito...¡Dios mio! y esto ya es así para siempre ¡aargh! Carmen, que es una maniática de la limpieza (como Monica de "friends"...pero aún peor) pasa de todo, solo está pendiente de la niña; y yo (que soy más como Joey) me agobio de ver tantos trastos por todas partes. Pero cuando miro a la niña se me olvida todo.
   Por la tarde Carmen vuelve a tener molestias en la zona de la cesárea, por encima de los puntos hay una zona muy roja y caliente y al tacto se nota indurada. A mí no me gusta nada, así que decido volver a darle antibióticos al día siguiente, los mismos que tomaba en el hospital.
   A la semana de la cesárea Carmen está muy mal, continua con fiebre por encima de 38ºC, no tiene apetito y lo que come le produce nauseas, tiene mala cara y el abdomen está mas enrojecido y mas hinchado; ademas, la sangre que echa por la zona genital huele muy mal, como a podrido. Llamamos al ginecólogo y nos dice que vayamos a verlo al hospital; pero yo no puedo ir porque tengo que trabajar. A mi mujer la acompañan una prima y una amiga. Cuando le revisan los puntos, al ginecólogo no le gusta lo que ve, parece que hay infección, y decide quitarle uno de los puntos y drenar. Me dijo la prima de mi mujer que sacaron ¡cerca de un litro material purulento! Cuando me lo cuentan por teléfono se me hace un nudo en el estómago. Si tardamos un poco más en darnos cuenta de lo que pasaba podía haber sido demasiado tarde, podía haber hecho una sepsis generalizada y adiós. ¡Qué susto! Cada vez que lo pienso me estremezco de miedo.
   Pues así están las cosas de momento; Carmen con antibioterapia recuperándose de la infección y haciéndose curas diarias en la cicatriz de la cesárea, donde le han dejado puesto un drenaje.  Y nuestra hija, nuestra princesita Carmen Erea, es un cielo, un encanto, una preciosidad, que voy a decir yo que soy su padre. De momento es muy buena duerme mucho, como todos los recién nacidos, y come un montón. Solo protesta cuando tiene hambre o cuando le damos su bañito, que aun no le gusta demasiado. Por lo demás es un encanto.

1 comentario:

  1. Por cierto, menos mal que tenemos una amiga en los juzgados que nos echo un cable con todo el tema de la inscripción de la niña en el registro civil y lo arreglé en un día, que si no tardan sobre un mes. Muchas gracias Elena. Asi que ya tengo a la enanilla inscrita y dada de alta en la SS. La semana que viene primera visita a su pediatra

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