Bueno, las cosas van mejorando; el otro día mi mujer fue a una nueva revisión con el ginecólogo y por fin le retiró las grapas de la cesárea. Tan solo falta que la zona donde le dejaron el drenaje vaya cerrando por si sola. Ademas también ha terminado con los antibióticos, así que desde hace dos días le está dando el pecho de nuevo a la niña. Pero tenemos un pequeño problema, la niña come un montón y ya no le llega solo con el pecho de la mamá, así que tenemos que darle además un biberón. Cuando se lo consultamos a la matrona le recomendó a mi mujer que tomase promil para producir más leche, pero después de leer en varios sitios que no sirve para nada y que incluso puede ser peligroso hemos decidido no usarlo; preferimos seguir complementando el pecho con un biberón pequeño. Yo creo que el único problema es que mi mujer no produce leche suficiente porque ha estado más de una semana sin dar el pecho y también que la niña se cansa con el pecho porque le cuesta más obtener la leche; con el bibe chupa y ya está, y con el pecho tiene que esforzarse más y se cansa, así que toma menos leche. Estoy seguro de que si le seguimos ofreciendo el pecho cuando tenga hambre, se acostumbrará de nuevo y al final tomará lo suficiente.
Cambiando de tema, el otro día, por fin, salimos a dar una vuelta con la niña. Hasta ahora mi mujer no se había encontrado con fuerzas. Pero finalmente nos decidimos a salir y dar un paseo. La niña se portó estupendamente, todo el paseo durmiendo; aunque antes de salir se pilló un buen rebote porque la despertamos para cambiarle el pañal y ponerle otra ropita algo más abrigada para el paseo, no le hizo ni pizca de gracia. ¡Que mosqueo se pilló! Pero en cuanto la pusimos en el capazo se tranquilizó y se quedó dormida y así estuvo todo el rato. Al rato de volver a casa le entró el hambre y montó un numerito para bañarla, berreando sin parar, pero no por el baño, por el hambre. "¡Es que cuando le entra el hambre se pone hecha una berraca!", me dice siempre mi mujer, y es cierto. Pero en cuanto acaba de comer se queda frita, cae dormida del tirón. Aunque le dura poco porque los gases le dan mucho la lata; le cuesta un montón echarlos y luego le molestan mucho. Cuando se pone a llorar por los gases la cojo en brazos y le pongo mi mano en su barriguita para que le dé calor, eso la suele calmar bastante rápido y luego suele deleitarme con un estupendo concierto de peditos.
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